martes, 5 de febrero de 2013

Mis pecados... Los voy descubriendo.


Ya se  cumplió un mes, de haber empezado mi discernimiento, de ir buscando lo que Dios espera de mi!... Y es verdad que Dios se vale de los medios, los lugares, personas y momentos para ir mostrando su voluntad... En esta etapa de mi vida, podría decir y lo digo con toda seguridad, que soy muy feliz, demasiado!
Una porque he descubierto mis defectos, y los horribles pecados que me ataban y no me dejaban ser libre, el egoísmo, la soberbia, el orgullo, la envidia, la mentira!!!!... Y si aunque no lo crean los que me conocen, yo tengo esos defectos, los acepto, son  míos, y por mucho tiempo han estado latentes en mi vida, y no niego tampoco que muchas veces ellos han gobernado mis decisiones, o pensamientos...
El egoísmo, fiel compañero, podría decir, que lo descubrí porque pienso que todo tiene que girar alrededor mío, que las personas deben necesitarme. Me ha paso que me he sentido muy bien cuando una amiga o amigo viene y me cuenta sus problemas, o me tienen confianza y me piden un consejo.
Creo que este egoísmo a nacido, desde mi niñez, cuando iba a la primaria y las maestra me amaba, me pedían los cuadernos para ver que habíamos hecho la clase anterior, o cuando la mayoría de mis compañeros me pedían las tareas o, como olvidar cuando las chicas se peleaban por mí, si eso, se peleaban para esta conmigo en el recreo o ser mis amigas. Es muy gracioso, pero eso me hacía sentir muy importante, obviamente que no lo demostraba, simplemente seguía siendo callada, pero en mi interior iba gestándose ese egoísmo, y con ello la soberbia.
Soberbia. Que palabra, me detengo un rato a pensar en su significado, creo que mejor consulto a mi amada internet: “sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato despectivo y desconsiderado hacia ellos.” ¡Que concepto! Y si,  fui  soberbia… muy alimentado por mis buenas calificaciones, por las que siempre recibí elogios, premios, y mucha consideración de mis maestros y profesores, en la escuela primaria y secundaria. También prestigio, respeto entre mis compañeros, y el orgullo de mis padres que sentían por mí. ¿Cómo no sentirse superior?  Como no sentirlo. Lo del trato despectivo, yo no soy de tratar mal a la personas, creo que lo mío era más peor, era de acercarme más a esa persona que siento inferior a mí y de animarla a que sea mejor, pero siempre demostrándole lo superior que soy y que si ella mejora, hacerle ver que su crecimiento fue gracias a mi, y me lo tiene que agradecer. Si no me lo agradecería, siempre era de decir en mi interior  “ella o el está mejor gracias a mi”.
Y miren como era antes de conocer a Cristo, perdón, dije ¿antes de conocer a Cristo? Después de conocer a Cristo, mi soberbia y orgullo había aumentado un poco mas por el tema de que a penas baje a mi Periodo Motivador, a los 8 meses me eligieron coordinadora de mi comunidad, el coordinador anterior me tenía en la mira, me iba formando de a poco antes de asumir. Jamás me había imaginado llegar a ser coordinadora de una comunidad, pero si estaba en mis sueños y anhelos serlo. Me sentí superior, era la cabeza, la pastorcita elegida por Dios para pastorear sus ovejas. Me sentía elegida, y por serlo me sentía con todas las capacidades de serlo. Qué cosas me deparaba la vida, mi orgullo por un buen tiempo estuvo muy latente en mí, me creía tener razón en muchas cosas.
La envidia, esta si siempre estuvo presente en mi. En mis primeros años, envidia de mi hermana, porque sentía que mis papás la querían  más. En la primaria y en la secundaria, la envidia pasaba por las nota, caía en una ira tremenda por el solo hecho de saber que alguien  tenía una mejor nota que yo, o si la maestra o el profesor consideraban a alguien más que a mí. Más en mi adolescencia, envidia de las siluetas y cuerpos de modelos, de chicas flacas a las que cualquier ropa le quedaba mejor, envidia de la belleza de las demás chicas. Cuando era coordinadora, envidiaba las comunidades de los otros coordinadores por tener más chicos y ser más divertidos que yo.  Con  mis amigos, dos en especial, hombres tenían que ser, sufrí la envidia a pleno, caía en una tristeza o enojo si ellos la pasaban mejor con otra amiga o si estaban mejor sin mí. Los quería solo para mí. Por Dios que posesiva que era. Celos de mis amigos, eso sí lo sentía.
Y bueno por último, la mentira fiel amiga, y compañera a lo largo de toda mi vida. Mentiras cortas, largas flacas, gordas, de todos los tamaños y formas habidas y por haber. Si hay algo que sé hacer hasta con los ojos cerrados, y a manos atadas, es mentir. Una vez  escuche que mentir hace que tu cerebro trabaje el doble, que frase alentadora para seguir mintiendo. He mentido a todos, creo que a todos los que conozco he mentido algunas vez, para salvarme de algo o para que no descubran algo en mi.
Me fue difícil aceptar que estos pecados eran  míos y que  siempre estaban presentes en mí, es raro decirlo pero creo que es parte de este discernimiento, de ir descubriendo realmente quien soy y que quiero llegar a ser.
Es complicado y un poco abrumador verse desde adentro, en el interior. Ir conociendo cosas de uno que capaz   que no conocía de uno mismo.
Pero soy feliz asi, ahora mas, por aceptar una parte de mi, una parte muy mala, que en estos tiempos estoy trabajando para eliminar por completo estas coas que me hacen pecar...
Señor no me desampares en este camino, condúceme a la santidad!

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